De deportes de riesgo

Siempre que se habla de deportes peligrosos, todos pensamos en escaladas imposibles, caza de cocodrilos con un machete en la boca, lanzamiento de personas desde puentes enormes sobre ríos revueltos o deslizarse sobre la nieve al borde de un precipicio de varios cientos de metros.


Queda muy lejos de nuestra mente el situar a deportes como el baloncesto, el tenis o el hockey como deportes peligrosos… bueno sí, salvo cuando este último es practicado en su variedad sobre hielo por estadounidenses: ¡Ahí sí que se puede hablar del palo (stick para los anglófilos) como arma arrojadiza!


Pero estamos cayendo en un grave error, porque ¿Qué diríais si comentase que el fútbol es un clamoroso deporte de riesgo? Seguramente alguien comentaría que eso ya se sabe debido a que actualmente este deporte está sobredimensionado, muy politizado, fanatizado, etc. Es decir, que no aporto nada nuevo si digo esto.


¿Y si digo que el fútbol es un deporte peligroso para la paz y la estabilidad mundial?


Esto ya suena diferente ya que casi nadie se imagina un conflicto internacional más allá de las meras puyas propias entre hinchadas de cualquier final de la Liga de Campeones, la Intercontinental o la mismísima Copa del Mundo. ¿Estaré exagerando? Seguro que habrá alguien que diga que siempre se ven disturbios después de algunas finales en algunas ciudades sede de los equipos, pero que de ahí a calificarlo como “conflicto internacional” hay un trecho.


Pues bien, si ahora mismo un salvadoreño leyese esto (cosa harto improbable, todo sea dicho), seguramente la mera mención a la Guerra con Honduras le evocase una breve contienda entre los dos países que sucedió en 1969. Pero esta lucha no es conocida así en el resto del mundo, sino más bien como La guerra del fútbol (no hay que confundirla con el embrollo que actualmente se traen entre manos Audiovisual Sport y Mediapro por lo derechos de retransmisión de la liga española)


La verdad es que se presta a guasa el asunto, pero no debemos olvidar que fue una guerra pura y dura en la que se usó como excusa la disputa de un partido de fútbol… bueno, de dos, el de ida y el de vuelta entre las selecciones de Honduras y El Salvador.


Situémonos temporalmente: estamos en el verano de 1969… se están disputando los partidos clasificatorios para el Mundial de México de 1970… el fútbol es la pasión deportiva de casi toda América (excepto de los que ya sabéis)…


El partido de ida se disputó en Honduras (en Tegucigalpa, para ser más exactos), perdiendo El Salvador por 1-0. Esto produjo acusaciones desde la prensa salvadoreña contra la limpieza del encuentro (básicamente lo mismo que se sigue haciendo hoy día, para qué vamos a engañarnos).


El partido de vuelta se celebró en San Salvador el domingo siguiente, y la presión de las masas contra el equipo visitante fue terrible. Al final El Salvador ganó el partido por 3-0.


Esto provocó una reacción burlesca de la prensa salvadoreña contra los hondureños que encontró una rápida y similar respuesta por la prensa rival. Desde los dos países se azuzaban uno contra el otro y la cuerda se estaba poniendo tensa…


Muchos campesinos que vivían a ambos lados de la frontera y que ni sabían en que país estaban fueron deportados alegando que eran invasores extranjeros…


El 27 de junio se rompieron las relaciones diplomáticas entre los dos países.


El 4 de julio hubo un ataque aéreo en el que dos aviones hondureños atacaron dentro de El Salvador un convoy militar, y tras unos incidentes fronterizos se declararon la guerra.


La guerra duró aproximadamente una semana en la que hubo más cuatro mil de muertos. Tras esto ambos países (gobernados por sus respectivos dictadores) firmaron la paz y se declararon vencedores.


Evidentemente, el fútbol y el honor patrio fueron presentados ante las respectivas poblaciones como el motivo para la declaración de la guerra, pero las verdaderas razones fueron de índole demográfico (Honduras recibía una enorme presión migratoria desde El Salvador), comercial y fronterizo. No hay que olvidar la propensión que tienen los líderes “iluminados” para meter a sus países en guerras para exaltar el nacionalismo y así reforzar su posición en el poder (véase la Guerra de las Malvinas, las múltiples invasiones estadounidenses de los años ochenta y, ¿por qué no decirlo? la reciente invasión de Iraq)


Por cierto, el día que se firmó la paz fue declarado como Fiesta Nacional en ambos lados de la frontera… ¡vivir para ver!

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