De romanos y el espacio
Aprovechando que el mundo romano continúa despertando nuestro interés y que la ciencia (especialmente lo relacionado con los viajes espaciales) últimamente ocupa algún minuto en los telediarios, voy a citar una brevísima relación de hechos encadenados que nos remontará desde el mundo actual hasta la mismísima época de las legiones romanas. Es algo bastante curioso, que posiblemente no sirva para nada, pero que da bastante qué pensar.
Cualquier ferroviario de los Estados Unidos podrá decirnos que su ancho de vía estándar es de 4 pies y 8.5 pulgadas (un poco más de 1,412 metros, mientras que el ancho de vía internacional es de 1,435 metros)
Este ancho de vía tan extraño es así porque cuando se construyeron contaron con el apoyo de ingenieros ingleses que se desplazaron allí para aportar su experiencia en lo que ya habían construido en la Gran Bretaña.
Pero, evidentemente, estos ingleses se habían basado en algo para usar este ancho en Inglaterra… usaron el mismo ancho que tenían los tranvías británicos.
Cualquiera que piense cómo eran los primitivos tranvías, sabrá que básicamente eran carruajes tirados por caballos que transcurrían sobre raíles, por lo que estos tranvías primitivos tenían la misma anchura de eje que los carruajes normales.
Los carruajes normales tenían ese ancho de eje porque las carreteras y caminos de la época tenían las roderas con esa separación (son las hendiduras en el terreno por donde discurrían las ruedas, para evitar que se rompieran con piedras y demás)
Esas roderas tenían esa anchura desde la época de los romanos porque esa era la anchura de rueda de un carro de guerra de las legiones. En todo el imperio se hacían así, y todo el que no quería que su carruaje acabase tirado en la cuneta de la Vía Apia o de la que fuese tenía que poner esa distancia de eje.
Lo más gracioso es la simplicidad del motivo de por qué los romanos usaban esa anchura… era, simplemente, la distancia en la que cabían perfectamente y sin dejar mucho hueco los cuartos traseros de dos caballos (los que tiraban de los carros de guerra)
Dicho esto de otro modo, los estadounidenses tienen trenes y vagones que están condicionados por lo que algún romano pensó que medían los culos de dos caballos.
Pero, ¿Qué tiene esto que ver con los viajes espaciales? Cualquiera que piense en la forma de un transbordador en la rampa de lanzamiento (no cuando ya está en el espacio) seguro que recuerda esos dos grandes depósitos que lleva acoplados. Son depósitos de combustible para ayudarle a superar la fuerza de la gravedad terrestre. Cuando se diseñaron los primeros transbordadores, los ingenieros los idearon algo más cortos que los actuales pero también algo más anchos.
El problema vino cuando alguien pensó que esos depósitos serían construidos por la empresa Thiokol, en Utah, y que debían ser enviados hasta Florida (Cabo Cañaveral y no Canaveral como se empeñan en escribir estos sajones desprovistos de una letra tan resultona como la Ñ) en tren, es decir, tenían que recorrer la costa este, la atlántica, completa.
Desde Utah hasta Florida hay que atravesar algunos túneles que, lógicamente son poco más anchos que la vía que pasa por ellos (¿para qué hacerlos más anchos, si el tren cabe estupendamente?) Pero los depósitos no cabían en los túneles. ¿La solución? Hacerlos más estrechos y más largos, con lo que no eran todo lo morfológicamente perfectos como se hubiera deseado.
Así es cómo vemos que ese romano que pensó que con lo que medían dos culos de caballos, los carros iban más que apañados, acabó condicionando la carrera espacial muchísimos siglos después.
Curioso, ¿no?
Desde luego esta historieta no es producto de una gran investigación, ya que cualquiera que lea un libro sobre curiosidades históricas o se lo curre un pelín con cualquier buscador de internet lo encontrará mejor o peor relatado. Lo importante es que lo que se cuenta parece ser que fue así.
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